Si viste el video dando vueltas por redes y pensaste "esto tiene que ser efectos especiales", no estás solo. Pero no: es real. Un joven chino de 26 años construyó, con sus propias manos y bastante prueba y error, un vehículo volador personal inspirado directamente en el planeador del Duende Verde, el villano de Spider-Man, y lo probó volando sobre el río Yangtsé.
La respuesta corta a la pregunta que seguro te trajo hasta acá es esta: sí, voló de verdad, con un dispositivo propio hecho con motores eléctricos de drones, y el video ya acumula millones de reproducciones en redes chinas. Pero la historia completa —con sus explosiones, sus fallas y su toque de inteligencia artificial— es todavía más interesante que el clip viral.
Quién es el inventor detrás del "Duende Verde" real
El protagonista de esta historia se llama Song Xingyu, conocido en redes como Shenqi Ayu, y es originario de la región de Hubei, en China (algunas coberturas ubican su base en Badong, otras en Wuhan, dentro de la misma provincia). Tiene 26 años —no 25, como circuló en algunas versiones de la historia— y lo más llamativo de su perfil es que no tiene formación técnica formal: dejó la escuela a los 14 años y aprendió mecánica, control de vuelo y nociones de inteligencia artificial de manera completamente autodidacta, a fuerza de ensayo, error y mucho contenido online.
Es, en pocas palabras, el tipo de creador que en Uruguay llamaríamos "un capo de taller": alguien que ve algo en una película o un videojuego y en lugar de quedarse pensando "qué genial sería tener eso", se pone a diseñarlo con las herramientas que tiene a mano. En su caso, la inspiración fue clarísima: el planeador personal que usa el Duende Verde en las películas de Spider-Man, esa tabla voladora con forma de murciélago que el villano maneja parado, como si fuera un monopatín futurista.
El primer intento, el que terminó en fuego
Como toda buena historia de inventor, la de Song no arrancó con un éxito. La primera versión de su máquina usaba cinco motores a reacción en miniatura (turbinas tipo jet, de las que se usan en maquetas de aviones a escala), pensados para generar suficiente empuje como para levantar el peso de hasta tres personas adultas.
El problema fue el diseño: los motores estaban ubicados demasiado cerca entre sí y demasiado bajo, así que cuando los encendió todos juntos, el aire caliente de escape de unos rebotaba hacia las tomas de admisión de los otros. El resultado fue, literalmente, un principio de incendio. Nada grave para él, pero sí el final de esa versión del proyecto.
En vez de rendirse, Song hizo algo que probablemente muchos de nosotros haríamos hoy: cargó los datos de esa prueba fallida en un agente de inteligencia artificial para que lo ayudara a entender qué había salido mal. La recomendación fue clara: abandonar los motores a reacción y pasarse a propulsión eléctrica. Y así nació la versión dos, la que finalmente voló.
Cómo es la máquina que realmente funcionó
La versión definitiva de su "Duende Verde" personal reemplazó las turbinas por diez unidades eléctricas sin escobillas (motores brushless, los mismos tipo que llevan los drones, pero reforzados), cada una capaz de generar más de 30 kilos de empuje. Sumados, esos diez motores producen una fuerza de elevación superior al peso de cuatro personas adultas juntas, lo cual le da al dispositivo un margen de seguridad considerable para sostener su propio peso en el aire.
El control del acelerador lo maneja con un anillo en el dedo, una solución bastante ingeniosa para no tener que soltar el equilibrio de la tabla con las manos. Y para mantenerse estable en el aire —que según él mismo reconoció es la parte más difícil de todo el proceso— usó dos teléfonos celulares funcionando como un "entrenador" de inteligencia artificial: los sensores de los equipos analizaban su postura en tiempo real y le indicaban correcciones a través de auriculares Bluetooth, mientras él estaba literalmente parado sobre una tabla volando a varios metros del piso.
Todo el desarrollo, desde el primer boceto hasta la versión que efectivamente voló, le tomó alrededor de dos meses de trabajo, a los que hay que sumarle más de diez días de práctica después de los primeros choques y caídas, antes de animarse a hacer la demostración pública que se volvió viral.
El vuelo sobre el río Yangtsé
Durante el feriado del Día Nacional de China, a comienzos de octubre de 2026, Song se animó a probar su creación en un escenario mucho más desafiante que un patio trasero: voló sobre el río Yangtsé, atravesando además zonas de su ciudad natal y un desfiladero fluvial. Según registros de ese vuelo documentado, llegó a recorrer más de 300 metros en un trayecto de poco más de dos minutos, alternando saltos de baja altura con tramos de vuelo sostenido y controlado.
El video de la hazaña se subió a Douyin (la versión china de TikTok) y en poco tiempo acumuló casi 4 millones de "me gusta", además de una ola de cobertura en medios internacionales de tecnología que replicaron la historia con el gancho perfecto: "el Duende Verde existe de verdad, y es un chico autodidacta de Hubei".
Vale la pena aclarar, para no exagerar la hazaña, que especificaciones técnicas más detalladas —como la carga máxima verificada o la resistencia del equipo bajo maniobras sostenidas— no fueron formalmente reveladas por Song ni confirmadas por terceros. Es decir: sabemos que voló, sabemos cómo está construido en líneas generales, pero no hay un informe técnico independiente que certifique cada número. Aun así, el video y los testimonios recogidos por medios como CGTN e Interesting Engineering dejan pocas dudas de que el vuelo fue real.
Por qué una historia como esta nos atrapa (aunque sea de Uruguay)
Hay algo genuinamente fascinante en ver a alguien tomar una idea de ficción —ni más ni menos que el arma de un villano de cómics— y construirla con sus propias manos, sin títulos universitarios ni financiamiento de ninguna empresa, solo con paciencia, motores de drones y un par de teléfonos corriendo inteligencia artificial. Es el tipo de historia que recuerda que la tecnología más llamativa no siempre nace en un laboratorio corporativo: a veces nace en un taller, de alguien con curiosidad y ganas de intentarlo una y otra vez hasta que funciona.
Y aunque esta historia pasó a miles de kilómetros de Uruguay, conecta con algo que vemos todos los días en nuestro propio mercado: la tecnología, la inteligencia artificial y las herramientas digitales ya no son exclusivas de las grandes empresas con presupuestos gigantes. Cualquier persona con ganas de aprender —sea para construir un planeador o para digitalizar su negocio— tiene hoy más herramientas accesibles que nunca. En Uruguay, cada vez más pymes se están subiendo a esa misma lógica: usar la tecnología disponible para resolver problemas reales, sin necesitar ser una multinacional para hacerlo.
El propio Song, por cierto, le pidió a sus seguidores que no intentaran replicar el dispositivo en casa, algo bastante razonable considerando que su "versión uno" terminó en llamas. Por ahora, sus planes son seguir perfeccionando el diseño y, según contó, intentar volar todavía más alto.
Así que la próxima vez que alguien te diga que ciertas cosas "solo pasan en las películas", podés recordarle esta historia: en algún rincón de Hubei, China, un joven de 26 años ya convirtió al Duende Verde en una máquina real que efectivamente puede volar sobre un río.
Fuentes:
- Chinese vlogger builds a real 'Green Goblin' hoverboard & flies it across the Yangtze - Interesting Engineering
- Chinese Gen Z vlogger builds a rideable 'Green Goblin' hoverboard - CGTN
- Self-taught Hubei inventor takes flight on homemade Green Goblin-style hoverboard - Dim Sum Daily
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